Diciembre es el mes que más presiona al e-Commerce en Colombia. El pago de primas y la compra de regalos concentran la demanda en pocas semanas, lo que pone en tensión la capacidad logística de empresas, transportadoras y centros de distribución.
¿Qué muestran las cifras? Según la Cámara Colombiana de Comercio Electrónico (CCCE), las ventas en línea superaron los 105 billones de pesos en 2024, con un crecimiento del 26,7 %, impulsado por la consolidación de los pagos digitales y la preferencia estable del consumidor por los canales virtuales. En 2025, esta dinámica se ha mantenido al alza: solo en el primer trimestre, el comercio digital movió 27,3 billones de pesos, un 16,4 % más que en el mismo periodo de 2024, y hacia el primer semestre el acumulado ya se ubicaba entre 55 y 58 billones, anticipando un cierre de año aún mayor.
Este contexto convierte la temporada navideña en un verdadero examen de resistencia operativa. Se trata de más pedidos en menos tiempo, mayor presión sobre bodegas y rutas de distribución y un incremento visible en cambios y devoluciones. Garantizar que un producto esté disponible, llegue cuando fue prometido y mantenga su precio no es una cuestión de suerte. Detrás de cada entrega que se cumple hay una disciplina que planea, ajusta y coordina cada eslabón de ese recorrido: la Logística.
“Cada decisión incide directamente en lo que se paga, en si el producto está disponible y en la experiencia que tiene como consumidor”, explica Mónica Isabel Quintana Hurtado, docente del programa de Ingeniería Industrial y Tecnología en Logística de Areandina, Seccional Pereira. Durante diciembre, añade, ese trabajo se intensifica. “Los ingenieros industriales y tecnólogos proyectan la demanda, reorganizan turnos, optimizan inventarios, ajustan ritmos de producción y diseñan rutas logísticas para evitar cuellos de botella. Una desviación pequeña —un cálculo de inventario mal estimado, un retraso en la cadena de suministro o una distribución mal programada— puede traducirse en entregas tardías, aumento de costos o desabastecimiento”.
El cumplimiento o incumplimiento de una entrega depende, muchas veces, de procesos que el cliente no ve. Un retraso no siempre es responsabilidad del mensajero, con frecuencia está asociado a decisiones tomadas semanas antes. “Cada vez que una entrega llega puntual hubo detrás una secuencia de decisiones acertadas; y cuando no, probablemente uno o más procesos fallaron. En ambos casos hay ingeniería industrial y logística de por medio”, señala Quintana.
El rol de estas profesiones no se limita solo a la entrega, también asegura la calidad del producto. Herramientas como el control estadístico, las auditorías por muestreo y los sistemas de mejora continua permiten identificar fallas antes de que lleguen al consumidor. “La calidad no se corrige al final. Se diseña desde el inicio”, insiste la docente de Areandina. Esto significa menos devoluciones, menos frustración y una experiencia de compra más confiable.

